viernes, 1 de septiembre de 2017

Argentina: La novedosa costumbre de votar por nuestros verdugos

Argentina: La novedosa costumbre de votar por nuestros verdugos

Por Jorge Falcone, Resumen Latinoamericano, 1 de septiembre 2017

Lo que las urnas dejaron
Más allá del “accidentado” recuento de votos en la Provincia de Buenos Aires, las recientes elecciones primarias abiertas simultáneas y obligatorias dejan como saldo provisorio una nueva mayoría relativa de sectores medios que – a partir de un padrón compuesto por una franja generacional preponderante de entre 16 y 40 años – impone su hegemonía en casi todas las capitales del país.
El kirchnerismo, si bien debilitado, podría encarnar a través de Cristina  – en tanto consiga posicionarse en la línea sucesoria – un nuevo fenómeno en el senado.
No obstante, abundan indicadores como para considerar que la suerte del peronismo no dependerá exclusivamente de dicho sector, toda vez que la Liga de Gobernadores no ha movido fichas aún respecto a las presidenciales de 2019.
En tanto, EEUU maneja la Argentina política mientras China avanza sobre la económica.
Muy probablemente, aventajado por un sindicalismo mayoritariamente acuerdista, el oficialismo procurará romper la alianza CGT/CTEP para salir al cruce de las inexorables luchas de calle que promete 2018, ajustes salvajes y reforma laboral mediante.
El desaparecido que expuso la matriz productiva de la Argentina colonial
Cuando se produce la Masacre de Avellaneda la crisis de gobernabilidad era muy profunda, y las versiones oficiales destinadas a describir el hecho como una interna entre piqueteros fueron inmediatamente rechazadas por la sociedad, al punto de que el presidente Duhalde se vio obligado a calificar el despliegue policial como “cacería”, y las circunstancias precipitaron una salida electoral. Desde entonces, tanto el kirchnerismo como el macrismo consiguieron consolidar la gobernabilidad, encauzando buena parte de aquellas rebeldías dentro de los marcos de la democracia formal. Pero a la luz del tenor que adquieren los hechos a partir de la desaparición forzada de Santiago Maldonado – un secuestrado que pone de manifiesto el salvajismo y la impunidad con que el sistema está dispuesto a defender los territorios entregados a magnates como Benetton o Lewis, funcionales al modelo agroexportador y extractivista -, se advierte un cambio de etapa de tipo regresivo, determinado por un poder dispuesto a encarar sus métodos represivos bajo el concepto de contrainsurgencia, sustentándose en el transitorio oxígeno electoral proporcionado por los sectores incluidos de la sociedad, panorama que nos lleva a coincidir con el ensayista militante Mariano Pacheco cuando define a la coalición gobernante como “etapa superior del Proceso de Reorganización Nacional avalada por el voto popular”.
Sabido es cuánto irrita a los funcionarios del gobierno argentino que en las marchas cada vez se coree más la consigna “Macri basura, vos sos la dictadura”, pero en honor a la verdad – salvo debido al atendible protocolo electoral que los colocó en la Casa Rosada – es harto evidente que la filosofía de su modelo económico no difiere sustancialmente de la del que dio a conocer en abril de 1976 el ministro de facto José Alfredo Martínez de Hoz, hecho al que se suman “casualidades” como la de que  Pablo Noceti, jefe de gabinete de Patricia Bullrich, haya sido Abogado Defensor de socios del genocida Etchecolatz, a quien resulta harto difícil desvincular de la desaparición en democracia del “testigo desprotegido” Jorge Julio López, y sobre quien pesa – entre otros – el estigma de haber participado de los secuestros y asesinatos perpetrados en la Noche de los Lápices.
Si algo de cierto tuvieran la institucionalidad y el republicanismo predicado por Cambiemos, una ministra que niega la participación de una fuerza de seguridad a su cargo en el hecho de referencia y aduce que su segundo sólo pasó por la zona “para saludar”, debería haber dejado el cargo hace rato. Pero – pese al desgaste que viene sufriendo y a la masa crítica que pide su cabeza -, en tanto su rol constituye una fuerte apuesta de los EEUU e Israel, es de suponer que desplazarla no será tan fácil.
Ante semejante impunidad, mención aparte merece el ejemplo de una nueva víctima de abuso estatal que ratifica la enorme reserva moral latente en la juventud argentina, alguna vez considerada a partir del caso de un ladrillero que pudo seguir de largo en la evacuación de Puente Avellaneda pero resolvió volver a la estación para auxiliar a un hermano, reiterada en la persona de quien para los sectores biempensantes no pasa de ser un simple artesano trotamundos, aunque cada vez aparezcan más evidencias de su compromiso con un mundo mejor. En conclusión, lo único que dejan meridianamente en claro estos hechos es que el capitalismo salvaje tiene en la solidaridad a su enemigo principal.
¿Es posible formular una propuesta electoral que entierre a la pospolítica?
Más allá del marketinero triunfalismo de la coalición gobernante, los indicadores de agotamiento, decadencia, y miserabilización de la clase política nacional son a todas luces los peores desde 1983: Al cabo de más de tres décadas de democracia de baja intensidad cada vez es mayor la diferencia entre un puñado de ricos y poderosos y las inmensas mayorías empobrecidas.
La crisis en curso del capitalismo mundial devino crisis civilizatoria, al punto de que hasta el Papa Francisco se ha visto obligado a reconocer que el sistema no da para más (lo que – al menos de momento – no supone que, además de “amar al prójimo como a nosotros mismos”, el Vaticano proponga alguna otra alternativa)
Hoy la fortaleza del campo popular consiste en el sostenimiento de su lucha, y la debilidad en su carencia de liderazgo. Parecería difícil revertir ese statu quo sin confluir en una suerte de Frente de Unidad Popular capaz de impulsar colectivos de base por una nueva Argentina y otro mundo posible. Entonces sí, el compromiso de sus eventuales candidat@s bien podría consistir en convocar a una Asamblea Constituyente (prevista en el art. 30 de la Constitución de la República Argentina para toda reforma – total o parcial – del texto de la Ley Suprema) e impulsar en el marco del bloque regional algo así como una Federación de Comunas Nuestramericanas,  ya que el verdadero empoderamiento de las mayorías estriba en reemplazar la democracia representativa por la democracia directa: Oponer al poder fáctico el poder popular.
Todo indicaría que, para concretar dicha empresa, la nueva arquitectura del poder popular deberá pasar por el protagonismo de los movimientos sociales en la construcción de territorialidad, apuntando a acabar con el individualismo capitalista reparando una vida comunitaria hoy severamente dañada. Esa tarea, a todas luces, aparece como urgente.-
A mi amigo Dante Martin.
JORGE FALCONE

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