viernes, 24 de febrero de 2017

El secuestro de la Conferencia de Seguridad de Munich

El secuestro de la Conferencia de Seguridad de Munich



La Historia lo demuestra: cada vez que un sistema se derrumba, sus dirigentes no lo perciben hasta que la tempestad los arrastra. Es por eso que los responsables políticos de la Unión Europea reunidos en la Conferencia de Seguridad de Munich, se sintieron sorprendidos de oír al ministro ruso de Exteriores Serguei Lavrov hablar de un orden mundial post-occidental. Esos dirigentes no acaban de darse cuenta de que el mundo sobre el que están parados está derrumbándose bajo sus pies: los pueblos árabes resisten tenazmente frente a guerras y falsas revoluciones, mientras que el pueblo estadounidense acaba de poner en la Casa Blanca a un político que no es parte del establishment y que se ha pronunciado contra el sistema imperialista. Sin embargo, los organizadores de la Conferencia de Seguridad de Munich se niegan a ver esas realidades: ellos siguen defendiendo los intereses del Estado profundo estadounidense, en contra de la administración Trump.

A las 23 horas del 18 de enero de 2017, se celebra la cena de Estado de la Conferencia de Seguridad de Munich

La Conferencia de Seguridad de Munich tuvo lugar del 16 al 19 de febrero [1]. Como cada año, acudieron al encuentro más de 500 ministros y parlamentarios europeos, así como diversos invitados extranjeros. Se trata del encuentro internacional más importante que se realiza en Europa en materia de política exterior y de defensa.

Hace 10 años, en 2007, Vladimir Putin provocó gran conmoción en ese foro al subrayar que el interés de los europeos no reside en marchar tras las huellas del Pentágono en sus aventuras militares sino en actuar de manera independiente. [2]. Y también recordó entonces que Rusia, aunque la hayan excluido de la Unión Europea, es también un Estado europeo. En 2007, los demás participantes se rieron de él y de sus pretensiones, manteniéndose todos bajo las faldas de la OTAN.

Este año fue Serguei Lavrov quien provocó revuelo al llamar a un orden mundial post-occidental. Si se es realista, el hecho es que la OTAN ha perdido su superioridad en materia de guerra convencional –aunque sigue disponiendo de mayores medios en el plano nuclear. También es un hecho que, al cabo de 15 años de guerra constante en el «Medio Oriente ampliado», el milagro de un rediseño regional tendiente a dividir esa área geográfica en varios micro-Estados de menos de 10 millones de habitantes y el intento de acabar con los Estados laicos para favorecer la dictadura de la Hermandad Musulmana han fracasado estrepitosamente.

Pero, de manera extremadamente sorprendente, los europeos se obstinan en querer alcanzar ese objetivo, un objetivo que Washington les impuso inicialmente pero que el Pueblo estadounidense y el presidente Donald Trump ya no quieren aplicar. Así que los europeos apoyan ahora al Estado profundo estadounidense –o sea, al Gobierno de Continuidad de Raven Rock Mountain que orquestó los atentados del 11 de septiembre de 2001. Sus dirigentes políticos se dedican ahora a la constante denuncia –preventiva– del racismo y la islamofobia atribuidos a Donald Trump, a pesar de que ellos mismos aplaudieron a George W. Bush y Barack Obama mientras estos últimos mataban más de 3 millones de personas en el «Medio Oriente ampliado». Y su prensa insulta constantemente a Donald Trump presentándolo como un aturdido, fantasioso e incapaz [3].

Horrorizados ante las declaraciones en las que Donald Trump calificó a la OTAN de «obsoleta», los dirigentes europeos sintieron alivio al escuchar a los enviados del nuevo presidente estadounidense… quienes de hecho les dijeron lo mismo: la OTAN, bajo su actual configuración, ya no tiene razón de ser; hay que transformarla en una alianza defensiva y, quienes quieran seguir formando parte de ella, tendrán que dedicar el 2% de su PIB a sus presupuestos militares.

Obcecados por su propio delirio imperialista, los europeos sintieron espanto ante un posible abandono de sus inversiones anti-rusas en Ucrania y en Siria. Y también se sintieron más tranquilizados al respecto por una serie declaraciones que en realidad no podían ser más imprecisas. Los ministros de Trump presentes en Munich les dijeron que en Ucrania no cederán ningún interés vital… de Estados Unidos, y que seguirán buscando una «solución política en Siria».

Entonces, ¿cómo entendieron los europeos que el pueblo de Estados Unidos tiene intereses vitales en las márgenes del Dniéper y que una «solución política en Siria» significa reemplazar la República por la Hermandad Musulmana? Simplemente porque ese fue el guión que les enseñó la administración Obama, cuya sucesora designada –Hillary Clinton– fue rechazada por el Pueblo estadounidense.

Por supuesto, ya es evidente el forcejeo que actualmente existe en Washington entre la administración Trump y el «Gobierno de Continuidad». Tembló la tierra cuando Donald Trump excluyó a la CIA y al Estado Mayor Conjunto de las reuniones del Consejo de Seguridad Nacional [4]. Todos pudieron observar que, en represalia, la CIA negó a 6 consejeros del presidente la autorización que debía darles acceso a documentos y encuentros vinculados a la seguridad nacional, acusó al consejero de Seguridad Nacional del presidente de ser un espía ruso –forzando así su renuncia– y mantiene la persecución contra otros 4 responsables del equipo presidencial. Pero perder algunas batallas no significa que se pierda la guerra y da lástima ver como los europeos –desde hace mucho sometidos– no parecen tener conciencia de ello. ¿Cómo puede creer alguien que Donald Trump iba a barrer en unos días el poderosísimo «Estado profundo» estadounidense? ¿Y cómo puede alguien creer también que los primeros tropiezos lo harán renunciar? [5]

Durante los últimos años, esta Conferencia de Seguridad fue simplemente para Alemania una manera de servir de correa transmisora entre Estados Unidos y sus socios europeos. Este año, su único objetivo fue obligar a los dirigentes europeos a confirmar su sumisión ante el Estado profundo estadounidense, ignorando la voluntad que el Pueblo de Estados Unidos ya ha expresado y el cambio de equipo en la Casa Blanca.

Los participantes recibieron un documento preparatorio, redactado por los organizadores alemanes de la conferencia, documento que la prensa puso extremo cuidado en no mencionar. En ese documento aparece un artículo de Volker Perthes, el autor alemán del plan Feltman de capitulación total e incondicional de la República Árabe Siria [6]. Este eminente «experto» expresa en el artículo su visión del «Medio Oriente ampliado», o más bien la visión del «Gobierno de Continuidad estadounidense» [7].

[Aunque no se logró rediseñarla,] esta región no saldrá indemne de las guerras y de la «primavera árabe». [O sea, no habremos hecho todo esto inútilmente.]

El conflicto entre Arabia Saudita e Irán se ha convertido en un conflicto sectario entre sunnitas y chiitas [que sirve para esconder nuestras ambiciones geopolíticas].

Mientras que todos están inmersos en ese conflicto religioso, nadie se ocupa de la situación de los palestinos [para el mayor beneficio del Estado colonial israelí].

Mientras los europeos están unánimemente cansados de todo el derramamiento de sangre lejos de sus países y desean que por fin triunfe la Hermandad Musulmana, en el Medio Oriente ampliado nadie se da todavía por vencido.

Durante la guerra en Siria, han sido constantes el surgimiento y la desaparición de alianzas en el plano regional, siendo la más reciente la que une a Rusia, Turquía e Irán, la cual no debería [felizmente] durar mucho más que las otras.

Siria e Irak sólo podrán vencer el terrorismo y recobrar la paz aceptando la formación de «gobiernos inclusivos» [léase, aceptando que al-Qaeda y el Emirato Islámico (Daesh) estén representados en sus gobiernos].

La única manera de poner fin a todo esto, para el conjunto de poblaciones del Medio Oriente ampliado, será una gran conferencia internacional en la que los occidentales decidirán el futuro de esas poblaciones, exactamente como en el Congreso de Viena –realizado en 1814– donde la Cuádruple Alianza decidió el futuro del resto del mundo.

Decididamente, a pesar del voto del Pueblo estadounidense y de la resistencia de los Pueblos árabes, los dirigentes europeos no cambiarán el rumbo. Sólo los Pueblos europeos podrán modificar el curso de los acontecimientos… sacándolos del poder.


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