viernes, 14 de octubre de 2016

DONALD TRUMP Y LA “BASURA BLANCA”

DONALD TRUMP Y LA “BASURA BLANCA”




       La ordinariez y chocarrería del candidato republicano a la Casa Blanca, el multimillonario Donald Trump, está haciendo que las almas sensibles se rajen las vestiduras y se dispongan a resistir a tanta barbarie… apoyando a la candidata del partido demócrata, Hillary Clinton. Es el juego partitocrático. Para imponer a una señora impresentable los planificadores del Pentágono y de la gran patronal tenían que colocar enfrenta a un energúmeno.

         Cuando hace ocho años el candidato fue un “hombre de color”, Obama, el entusiasmo popular -inducido desde arriba- se desbordó. Su victoria fue presentada como el advenimiento de una salvífica y redentora deidad negra, que por causa del color de su piel iba a regenerar a EEUU y al mundo todo… Hoy, la que será primera mujer presidente de la primera potencia imperialista, promueve escaso entusiasmo. Esto se debe no sólo a su elitismo, perfidia, arrogancia, ignorancia, militarismo y venalidad sino también a varios otros factores. Uno es el descrédito del feminismo de Estado, visto con creciente aversión por la gran mayoría de las mujeres, que lo consideran una martingala patriarcal más. Una vez que dicho feminismo se ha convertido en colosal grupo de poder, enriquecimiento personal y presión, con una enorme presencia en el congreso y el senado, la gente se está apartando de él, asqueada y asustada.

         Entonces el aparato de poder USA pudo usar el racismo pro-negro pero hoy apenas logra instrumentalizar el odio sexista. Nada ha desacreditado tanto al feminismo como su conversión en poder fáctico empresarial y estatal, y su política de amenazas, linchamientos, censura y embustes. La filósofa Chistina H. Sommers lo denuncia, “la tercera ola del feminismo se construye con mentiras”. Exacto. Pero no sólo con falsedades, también con dinero, muchísimo dinero entregado por el capital y el ente estatal (en España por el PP en el gobierno, y por Bruselas). Por tanto, era necesario buscarle a la señora Clinton un bocazas de marca mayor como contrincante. Y aún así puede no ganar…

         Pero, ¿cuál es la “base social” del deslenguado? Lo que se ha venido en llamar, con una expresión inaceptablemente racista, la “basura blanca”, formada por los hombres y las mujeres de clase trabajadora, por lo general blancos, cuyas vidas son dramáticas. Un grupo social, de muchos millones de personas, hoy el más desprotegido de ese país junto con los pueblos indígenas, víctimas del racismo institucional de blancos y negros.

         Con la crisis de 2007/2008 se han empobrecido, recibiendo por trabajos cada vez más horribles salarios un 20-40% inferiores a los de antes. Por tanto, tienen que practicar el pluriempleo, con lo que su salud es pésima. Son en general personas solas por la desintegración de la institución familiar, que abusan de la comida y el alcohol, que padecen enfermedades físicas destructivas, además de estrés y depresión crónica, por lo que están hiper-medicadas. Como consecuencia tienen una tasa de mortalidad bastante alta y en ascenso, lo que indica que se están suicidando como gran grupo social, o dicho de otro modo, que los poderes fácticos de EEUU están cometiendo genocidio con ellos, un genocidio silencioso y que a nadie importa pero que por eso mismo es mucho más eficaz. Un genocidio como el que han perpetrado con los pueblos indígenas.

         Un dato que muestra la desesperada situación de este grupo social es que hoy es el primer consumidor de heroína y otras drogas letales. Si antaño lo fueron los negros de los guetos hoy son los blancos de la clase trabajadora y el lumpen. No sólo los hombres, igualmente las mujeres. Por eso también el mensaje feminista neo-patriarcal no cala en ellas, pues su vida nada tiene que ver con las feministas oligárquicas y potentadas que hacen magníficas carreras profesionales y negocios agrediendo a los varones… pobres (a los ricos no, claro está).

         Ese enorme grupo social, inculto y bastante embrutecido, lleno de aprensiones e incertidumbres, que conoce una vida de infierno, hasta ahora no era representado por nadie. Ahora Trump se ha convertido en su perverso portavoz. A la “basura blanca” se le otorga con ello un consuelo verbal, esto es, el poder escuchar por televisión atrocidades que pretendidamente expresan sus inquietudes e intereses, y que por zafias que sean no lo son tanto como la habitual campaña de agresiones verbales y escupitajos que desde el poder mediático y académico padece.

Le llegan principalmente desde dos lados, el grupo de presión de los racistas negros y pro-negros, que desde su inmenso poder empresarial, político, mediático, policial, académico, judicial y militar siguen haciendo negocios fabulosos a la sombra del revanchismo, el victimismo y el racismo anti-blanco (también anti-indígenas, anti-asiático, etc., pues su racismo es de naturaleza rigurosamente excluyente: sólo los negros son personas). Al leer sus numerosas declaraciones y panfletos se alcanza una conclusión: no cejarán hasta que la población negra de EEUU, que es el 13%, se apropie al menos del 5o% de la riqueza del país[1]… Nadie como sus agentes mediáticos, políticos y académicos enarbola con tanto furor el garrote de la imputación de “racismo”, que dejan caer sobre los trabajadores pobres blancos una y otra vez. El otro foco de agresión es el feminismo de Estado, que en cotidiano bombardeo tilda a la “basura blanca” de “machista”, “heteropatriarcal”, “maltratadora y asesina de mujeres”, etc., etc.

Sobrecoge la brutalidad de los agresores, su falta de compasión y piedad para con unas gentes ya desahuciadas, que se tambalean al borde de la tumba y que no son nada políticamente, cuyas vidas se reducen a trabajar como esclavos para que sus agresores vivan deliciosamente de los subsidios y prebendas estatales, y para que les puedan contratar en sus empresas pagándoles una miseria. Estamos ante un mundo de fieras, en donde la mentalidad corporativa racista y sexista únicamente piensa en el propio clan, o quizá ya mafia, sacrificando a los otros seres humanos, devorándolos sin contemplaciones. Y así las cosas llegó Trump.
        
         La alianza entre el tándem capitalismo-ente estatal yanki y el racismo negro viene de lejos, lo mismo que la colusión entre el feminismo de Estado y el poder político, militar y económico. Ambos  son pilares del nuevo orden capitalista en EEUU, que se ha ido formando en los últimos decenios, así como en la piedra angular, o casi, del aparato militar yanki, dirigido a la agresión en el exterior, puesto a punto y reorganizado tras su fiasco en Vietnam por un hombre negro, el general Colin Powell. En el ejército imperialista USA el porcentaje de negros y mujeres crece cada año, a la vez que el de blancos pobres decrece: eso lo explica casi todo. Y sus operaciones de agresión suelen tener féminas al mando, como aconteció en la dirigida contra Libia, ordenada por un negro, Obama, y ejecutada por una mujer, la general del ejército del aire Margaret Woodward. Y eso sin olvidar a la señora Clinton, decisiva en el desencadenamiento de la guerra en Siria, y en la creación por EEUU del Estado Islámico, junto con su aliado sempiterno, Arabia Saudí.

         Así pues, puede dormir tranquila la progresista y multicultural grey: Hillary ganará y el patán Trump se irá a hacer gárgaras. Ya lo han decidido en las alturas. Sea como fuere la “basura blanca” seguirá avanzando hacia su liquidación como grupo social, en unos pocos decenios. El poder es una institución abstracta que no entiende de raza ni de sexo, que sólo busca maximizarse. Ahora les toca gozar de sus “delicias” a algunos de los oprimidos de antaño, convertidos en opresores. Cambian los actores y agentes para que el poder de mandar y explotar permanezca y se incremente.

         Algunas conclusiones. Hay que oponerse a todas las formas de racismo y a todas las manifestaciones de privilegio, discriminación “positiva” y desigualdad. Es necesario considerar siempre al ser humano esencial que está bajo las apariencias raciales y sexuales, para establecer una línea universalista, unificadora de rigurosa igualdad jurídica, política, cultural  y social. Quienes se unen al Estado y penetran en sus instituciones con el fin de crear grupos de presión, corporaciones, son parte decisiva del aparato de poder y mando ilegítimo que la revolución popular en EEUU tiene que desmontar y liquidar. Mientras, su denuncia desde la verdad ha de realizarse. Hay que constituir un pueblo unido por encima de las particularidades, considerando que el poder constituido siempre realizará una política de división y enfrentamiento, privilegiando ahora a un grupo racial y luego a otro, hoy a un sexo y mañana al otro. Los que se aferran a tales privilegios y además los teorizan con sofismas repulsivos son los peores agentes del vigente régimen de dictadura.

         El espeluznante montaje racista antiblanco-sexista se está cuarteando: por eso la Clinton lo tiene tan difícil. Los multimillonarios y generales negros nada tienen que ver con los trabajadores negros, que conocen una existencia penosa similar a la de la “basura blanca”. Las mujeres de las clases populares nada tienen en común con las celebridades del adinerado feminismo de Estado. El pueblo es multirracial y no sexista, y desde su unidad compleja pelea noblemente por la revolución. Precisamente ahora se está dando una crisis grave del aparato político de dominación en EEUU, con una abstención que supera el 50% y unos candidatos infumables, el uno un vándalo boquirroto y la otra una clasista frenética. No votar, no participar conscientemente en la farsa electoral, es un modo excelente de rechazar el sistema, agravar su crisis y avanzar en la obra de la revolución.

         El pueblo de EEUU puede servirse hoy de mucho de lo que los fundadores del país dijeron, en especial de los escritos de Thomas Jefferson, al que cito aprobatoriamente en alguno de mis libros. Sus ideas, depuradas de errores e insuficiencias, adecuadas al siglo XXI y combinadas con otras, servirán para construir unos EEUU sin multimillonarios tiránicos, sin ese enclave militarista que es el Pentágono y sin un aparato de Estado dictatorial, por tanto sin racismo en ninguna de sus manifestaciones, y sin sexismo. ¿Y la “basura blanca”? Esta gente sirvió ingenuamente al sistema de dominación en el pasado y ahora, degenerada en todos los sentidos, es arrojada a la basura por el poder constituido. Me apena su futuro y espero que encuentre el camino de la revolución, fraternalmente unidos al resto del pueblo. Para empezar, un poco de autocrítica les ayudaría.

        


[1]La cosa es tan disparatada que quieren hacernos creer en que en un país en que el presidente es negro, una buena parte de los altos mandos del ejército son negros y cada vez más multimillonarios son negros, y en una ciudad determinada donde el alcalde es negro, el jefe de la policía local es negro, la mayoría de los mandos policiales son negros, una buena parte de los agentes son negros y donde un policía negro asesina a tiros a un hombre negro eso es… racismo. Sin duda, es un execrable crimen policial, cometido por un aparato represivo en el que los negros están sobre-representados, pero no es racismo. Racistas son los que tildan tal suceso de racismo.

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