lunes, 23 de febrero de 2015

La descomposición del sistema de partidos

La descomposición del sistema de partidos


Alberto Begné Guerra 23/02/2015 01:46
La descomposición del sistema de partidos
Las encuestas sobre intención de voto ratifican la prevista reconformación del sistema de partidos a raíz de la división del PRD y la formación de Morena; reflejan los efectos de la crisis de credibilidad del gobierno y de las confrontaciones entre panistas —no obstante la relativa consistencia de las bases electorales de PRI y PAN—; y revelan un significativo aumento de las preferencias a favor del Partido Verde. Así, la configuración del sistema tripartidista de las últimas dos décadas está cediendo paso a una singular conformación con dos partidos dominantes, pero no mayoritarios, que concentrarían, en suma, la mitad de los votos, y con tres partidos que, sin grandes diferencias porcentuales entre sí, podrían atraer en total casi 40% de los sufragios, dejando alrededor de 10% a los demás partidos, cuyos registros están en zona de riesgo. Estas proyecciones tienen distintas implicaciones.
Saltan a la vista, por una parte, las malas condiciones reales y las limitaciones formales para la legitimidad del poder y la gobernabilidad democrática, asociadas a las rigideces del sistema presidencial. En efecto, las encuestas indican que durante la segunda mitad de su mandato, el actual gobierno contará sólo con el respaldo de un tercio de los votantes (proporción que, sobre el total del padrón y no únicamente sobre la votación emitida, baja a poco más de 20%). En un sistema parlamentario una situación como esta llevaría a la necesidad de formar una nueva coalición gobernante de dos o más partidos, o bien a la convocatoria de elecciones extraordinarias para la ratificación o no del partido gobernante.
Por otra parte, las proyecciones ilustran la magnitud del daño sufrido por la izquierda, como consecuencia de sus incapacidades para construir una institucionalidad partidista, a la vez democrática y funcional, al margen de caudillos o liderazgos autoritarios, así como producto de su descuido e irresponsabilidad en la selección de candidatos y en el seguimiento, evaluación y control de los gobernantes surgidos de sus filas —o, más bien, de sus siglas, pues sus peores experiencias de gobierno han estado encarnadas por personajes sin compromiso ideológico ni partidista—. Es una grave pérdida para México, donde las profundas desigualdades sociales hacen absolutamente necesaria una opción de izquierda fuerte, responsable e innovadora. Nada más lejano a estos principios, por cierto, que el refrito de nacionalismo revolucionario de Morena.
Por último, pero no menos significativo, está el marcado ascenso del Partido Verde, quizá el signo más elocuente de la pobreza ideológica, ética y política de un sistema de partidos cuya reconformación, lejos de indicar mejoría, despide los malos humores de un cuerpo en descomposición.
                *Socio consultor de Consultiva
                abegne.guerra@gmail.com

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