viernes, 31 de octubre de 2014

4 mil estudiantes de la BUAP marchan por Ayotzinapa

4 mil estudiantes de la BUAP marchan por Ayotzinapa
Por:  / 31 octubre, 2014
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(31 de octubre, 2014).- Cuando llegaron al zócalo ya eran unos 4 mil. Los estudiantes que iban desde el inicio habían marchado más de dos horas, habían gritado todas las consignas posibles, habían caminado juntos como pocas veces se ha visto antes. Y finalmente estaban ahí, sentados sobre la plancha del zócalo, cubriéndola casi toda, escuchando desde la bocina que cuatro jóvenes cargaban el discurso de un representante de cada una de las facultades que ahí se encontraban. La exigencia de todos era la misma: que los 43 normalistas rurales desaparecidos en Guerrero vuelvan con vida.
La tarde de este miércoles un contingente de mil estudiantes de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla partió de Ciudad Universitaria sobre la avenida 14 Sur. Parecía una marcha cualquiera pero desde ahí, desde el inicio, se vio que la convocatoria había superado otras marchas previas que se han organizado en solidaridad con los normalistas de Ayotzinapan y sus familias, incluso la del 9 de octubre que se unió a la convocatoria nacional y en la que participaron las normalistas de Teteles, Panotla y Amilcingo. El brigadeo iniciado unas horas antes en las instalaciones de la universidad había funcionado y de la puerta de la Facultad de Ciencias de la Computación no dejaban de salir las filas de jóvenes pese al sol de las 4 de la tarde que caía verticalmente sobre ellos.
Casi al mismo tiempo, una comisión de los padres de familia de los 43 jóvenes desaparecidos en Guerrero mantenía una reunión de seis horas con el presidente Enrique Peña Nieto en la que planteaban la demanda principal: que se busque a los normalistas, que se les encuentre.
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“No podemos creer que con todo el poder que tiene el Estado no los encuentren. No confiamos”, dijo Felipe de Jesús de la Cruz, representante de los padres de familia, en una conferencia de prensa posterior donde también advirtieron que no volverían a reunirse con Peña Nieto sino hasta que se les entreguen avances claros de la búsqueda.
Aquí, de este lado, la marcha avanzaba y a cada paso dado se sumaban más estudiantes indignados por la situación de sus pares: otros estudiantes que, como ellos, sufren los efectos más cruentos de un sistema que se empeña en criminalizar a los jóvenes que protestan, que alzan la voz y se organizan para demandar en colectivo la solución a sus necesidades.
Al llegar al bulevar 5 de Mayo, a un costado del parque Juárez, el contingente ya sumaba unos mil 700 jóvenes cuyos rostros aún adolescentes y mochilas escolares delataban su edad. Ésta fue una marcha que se integró casi en su totalidad de estudiantes y que careció de esos usuales acompañamientos de organizaciones de vieja trayectoria que en ocasiones opacan la participación juvenil y terminan por protagonizar los discursos y la atención. Esta fue una manifestación de pares, de jóvenes lastimados por la desaparición de sus contemporáneos.
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“Ayotzinapa aguanta, la BUAP se levanta”, decían los jóvenes cuando ya caminaban por la 31 Poniente en dirección al área de la salud, donde se ubican las escuelas de medicina, estomatología y enfermería. Del otro lado de la calle, en los carriles que circulan en la dirección contraria, se escucharon por momentos los cláxones de los autos que apoyaban las exigencias de los jóvenes, causando su ovación.
En la Facultad de Medicina el contingente se duplicó. De la puerta que da salida a la 13 Sur salieron cientos de estudiantes en batas que se integraron a la marcha formando grandes contingentes que tardaron un buen rato en organizarse. En ese tramo, los estudiantes pedían guardar silencio para no obstaculizar el trabajo que se desarrolla en el Hospital Universitario.
Después de varios minutos de estar detenidos, la marcha continuó avanzando y cuando tomó su camino por la 11 Sur se pudo observar finalmente su magnitud. Eran casi 4 mil estudiantes que ocupaban todo un lado de la avenida desde Reforma hasta la 15 Poniente. Para entonces, cuando el sol ya se había ocultado dando paso al anticipado anochecer del horario de invierno, los estudiantes ya no iban tan organizados en esas filas que extienden los contingentes por varias calles más: era un mar de jóvenes que continuaban gritando que “el pueblo unido jamás será vencido”.
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Durante su paso por la avenida Reforma ocurrió el único incidente de la movilización: una joven, al percatarse de que alguien les tomaba fotografías desde un balcón, llamó a los estudiantes que pasaban por ese trecho a detenerse, sentarse sobre la calle, señalar al hombre con el dedo y gritarle “espía” y palabras ofensivas. Así lo hicieron ellos, sin saber que quien les había tomado fotos era un periodista que cubría la manifestación desde un balcón que usualmente utilizan los fotorreporteros para captar mejores tomas. Y a pesar de que a la chica que incitó la agresión verbal se le hizo saber este dato, ella espetó que cualquiera que cubriera la manifestación debía identificarse primero.
Unas calles más adelante, en la intersección de Reforma con la calle 16 de Septiembre, los jóvenes harían lo mismo cuando descubrieron a un elemento de la Policía Turística grabándolos en video.
En el Distrito Federal, mientras tanto, el gobierno federal publicaba una lista de diez acuerdos a los que se llegaron tras la reunión con los padres de familia. El primero, profundizar en el plan de búsqueda de los muchachos y, en su caso, modificarlo. El resto: crear una comisión mixta de seguimiento de información conformada por personal de la PGR, la Segob y los mismos padres; brindar atención a las familias de las seis personas que perdieron la vida en los mismos hechos; establecer una mesa de trabajo para dignificar las instituciones rurales y aplicar la justicia.
Otra vez aquí, en el zócalo poblano, los estudiantes continuaban gritando, señalando el Palacio Municipal al grito de “gobierno asesino”, y luego se sentaban para escucharse e informarse de las próximas asambleas donde se determinarán las acciones que los estudiantes realizarán para continuar exigiendo la aparición con vida de esos 43 jóvenes que, como ellos, salieron a las calles para protestar y exigir pero que, a diferencia de ellos, no han vuelto a casa aún después de estos largos 34 días.

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