domingo, 28 de abril de 2013

Sobre el impuesto a la actividad minera

Sobre el impuesto a la actividad minera

 
De la riqueza que por décadas fue extraída del distrito Pachuca-Real del Monte, poco recibió la población excepto sus bajos salarios
Después de siglos de explotación minera sin que hubiera beneficio para los lugares donde por años se extrajo material del subsuelo, el viernes los diputados federales aprobaron reformas a las leyes mineras que son trascendentes para entidades que hoy siguen dando riqueza a la nación.
Son los casos de Hidalgo, Zacatecas, Chihuahua, Coahuila, San Luis Potosí y Durango, estados cuyo sector de extracción de minerales sigue siendo importante.
Quien ha vivido en alguna comarca minera sabe que la reforma que permitirá a la federación obtener 5% de las ganancias derivadas de la extracción minera es un acto de justicia que llega con siglos de tardanza pero que no por ello deja de ser importante.
El pago, que será una contraprestación por el aprovechamiento de la extracción de sustancias minerales y que pretende beneficiar a estados y municipios en cuyo territorio esté establecida una compañía minera, abre la posibilidad de resarcir los daños que deja esa actividad.
Pachuca, por ejemplo, durante siglos fue una ciudad cuyas entrañas fueron explotadas hasta agotarlas. El resultado de la actividad hoy es un lastre para la capital del estado de Hidalgo que no obtuvo beneficio alguno de las toneladas de plata y otros metales que durante décadas fueron extraídas de minas que actualmente se encuentran en el abandono.
Contrario a recibir algún beneficio, Pachuca es hoy una ciudad que, al menos en los barrios que rodean a su centro histórico, vive en constante riesgo porque nadie sabe por dónde cruzan los miles de túneles que los mineros excavaron.
Ya han ocurrido hundimientos en los viejos barrios, donde familias han tenido que ser reubicadas por el riesgo de vivir en un suelo inestable que en cualquier momento puede desaparecer.
También en Pachuca millones de toneladas de residuos derivados del proceso de extracción de metales hoy son un obstáculo para el desarrollo urbano de la ciudad, pues fueron acumulados en lugares que hoy se encuentran en medio de la mancha urbana y que representan un riesgo para la salud de los vecinos. 
El polvo fino que se acumuló durante años hasta formar montañas artificiales conocidas como jales daña silenciosa y lentamente los pulmones de los pachuqueños dadas las frecuentes tolvaneras en la ciudad.

Además, cuando las minas comenzaron a agotarse, el cambio de vocación de la ciudad provocó que su economía decayera y con ella la de sus habitantes. Pachuca entró en decadencia y, de ser de las ciudades más pobladas de México al inicio del siglo XX, se convirtió incluso en expulsora de población.  
De la riqueza que por décadas fue extraída del distrito Pachuca-Real del Monte, poco recibió la población excepto sus bajos salarios. La ciudad, por su parte, sólo fue testigo de la riqueza que circuló por sus calles y que nunca fue utilizada para embellecerla.   
Hoy con la contraprestación que deberán pagar las empresas mineras se abre una ventana que podría retribuir a las ciudades mineras algo de la riqueza que han aportado a la nación. Sólo falta que los recursos sean bien administrados y que efectivamente sean invertidos para mejorar el entorno urbano de las ciudades y poblaciones mineras.

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