sábado, 30 de marzo de 2013

La verdadera “implosión” de PEMEX: Romero Deschamps y su corrupción | Carlos Álvarez Acevedo

La verdadera “implosión” de PEMEX: Romero Deschamps y su corrupción | Carlos Álvarez Acevedo


Carlos Álvarez Acevedo
Twitter: @GuruPolitico
Risible para muchos, muchos, resultó la información “exclusiva” que manejó el periodista Carlos Marín, director de editorial de “Milenio”, respecto a la supuesta implosión que sucedió en el edificio B-2 de la Torre de Pemex. Más allá de eso, y del decreto de luto nacional por tres días implementado por Peña Nieto en honor a las 33 víctimas fatales, lo importante es determinar las causas reales del suceso, y hacer a un lado las “malditas” dudas que carcomen el idiosincrásico-genético mal pensamiento del mexicano en general.

La primera “instantánea” que le vino a la mente a la mayoría fue un “bombazo”, y volteamos a la mirada a Colombia, ahora que dicho país sudamericano está tan de moda por su exportación masiva de series noveladas sobre el narcotráfico, sus alcances e implicaciones.

La segunda “instantánea”, menos difundida, fue imaginarnos a grupos subversivos afines a las ideas de la no privatización de la petrolera nacional, ataviados con máscaras de AMLO, colocando explosivos en la torre de nuestra mayor empresa gubernamental, para así situar entre la espada y la pared al “impuesto” presidente tricolor.

Una tercera “instantánea” de los “mal pensados” es que, efectivamente, se trate de un lamentable accidente, debido a las condiciones deplorables de las instalaciones, de la dañada infraestructura del edificio, causa de la falta de mantenimiento, y que todo esto sea utilizado y aprovechado como excusa por EPN, para impulsar su reforma energética encaminada hacia la privatización de nuestro “soberano” bien público, el “oro negro” que los políticos siempre aseguran es de “todos” los mexicanos.

Una cuarta “instantánea” de las mentes que en todo crean una teoría de la conspiración, es que la “implosión” haya sido realizada por alguna fuerza “oscura”, cuya “negra” intención es desviar la atención de la exoneración del PRI en el caso Monex por parte del IFE, o de la exculpación de López Obrador por similares motivos, entre ellos, la acusación de los “moralinos” priístas que aseguraban que el ex candidato presidencial de izquierda recibió, de manera irregular, mil 200 millones de pesos.

La quinta, pero no menos inquisidora “instantánea” mental de los mal pensados mexicanos, es la de que todo es culpa del Sindicato Nacional de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), y de sus caciques, entre los que destaca su líder, el senador priísta Carlos Romero Deschamps, quien lleva 16 años al frente, y al que todavía le faltan otros seis, pues se acaba de reelegir un par de meses atrás.

Ese es el líder “anquilosado” que acompañó a Peña Nieto a recorrer el trágico lugar de los hechos en la Torre de Pemex. El mismo líder que dice defender los intereses de los trabajadores de Petróleos Mexicanos, y en cuya responsabilidad recaen las 33 muertes, al no intervenir de forma oportuna para verificar las condiciones en que se encuentran los lugares de trabajo de los hombres y mujeres que dice representar.

He ahí un hombre, cínico, rapaz, espeluznante, que desconoció la fundamental propuesta de cambio a la Ley Federal del Trabajo, cuando esta se discutía en el Senado, misma que afectaba a millones de trabajadores.

He ahí al hombre beneficiario indirecto del “Quinazo” del 10 de enero de 1989, ordenado por Carlos Salinas de Gortari para eliminar a Hernández Galicia, “La Quina”, quien fue encarcelado por acopio ilegal de armas y corrupción, so pretexto de iniciar una “modernización” en ese gremio sindical.

He ahí el desagradable ser humano que ostenta una inmensa fortuna, “amasada” de forma inexplicable -por lo menos para él-, y que dice ganar tan sólo 24 mil pesos mensuales como un simple obrero, cuando nunca se ha manchado el traje o la cara chamarra de cuero que usualmente viste.

He ahí el líder sindical que posee un departamento en Cancún, frente al Bulevar Kikulkán; además de un yate de nombrado “El Indomable”, valuado en un millón y medio de dólares; una colección de coches antiguos, valorada en 5 millones de dólares; una lujosa residencia en el exclusivo fraccionamiento Paseos de la Reforma, en el Estado de México; una flotilla de carros tanque; algunos ranchos y cabezas de ganado y, además, es socio mayoritario de Banorte.

He ahí el hombre cuya hija, Paulina Romero Deschamps, presumía en su página de la red social de Facebook, sus viajes por el mundo, en avión privado y acompañada de sus tres perros; sus paseos en yate y comidas en sitios de lujo; sus bolsos Hermés de miles de dólares y tomar vinos de 500 euros por botella. He ahí el humilde obrero, cuyo hijo es cliente frecuente del Smith & Wollensky, lujoso restaurante de carnes en Miami, Florida, al que llega conduciendo un Ferrari de siete millones de dólares.

He aquí el “Judas” petrolero que protagonizó el “Pemexgate”, que le valió ser acusado, como uno de los presuntos responsables del desvío de 640 millones de pesos de recursos públicos asignados al gremio para la campaña presidencial del PRI en el año 2000.

Sí, el mismo hombre que Peña Nieto defendió aún siendo candidato a la presidencia, asegurando que Romero Deschams “es un dirigente que ha trabajado y que tiene el respeto de su gremio”, aunque la mayoría de la opinión pública y la vox populi lo señale por corrupto y ladrón. La verdadera implosión de Pemex es Romero Deschamps y su Sindicato, que socavaron por dentro las estructuras de lo que fuera la mina de oro nacional... la auténtica caja chica de todos los gobiernos federales, sin excepción, desde que se creó en el año de 1938.

*El contenido copiado ha sido publicado originalmente por GURUPOLITICO.COM

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