lunes, 4 de marzo de 2013

Estilos de gobernar


mail:robertoremes@24-horas.mx Roberto Remes

Estilos de gobernar

Hace unos meses, cuando el Gobierno del Distrito Federal comenzó con los “recorridos de familiarización” de la línea 12 del metro, previo a su inauguración, me di una vuelta hasta Tláhuac. De regreso, al salir de la estación Parque de los Venados, en el vestíbulo, había una banda musical. Mientras tocaban, algunos de los integrantes bailaban, incluyendo al que llevaba una gran tuba. Después de amenizar un rato regresaron a los andenes y tomaron un tren para ir a otra estación a continuar su espectáculo.
Más allá de si uno está de acuerdo con lo que hace un gobierno o un partido en el gobierno, lo que identifico en el espectáculo de la banda y en los recorridos de familiarización con la obra más importante del gobierno de Marcelo Ebrard, es un estilo de gobernar. La misma obra, de haber sido hecha por un gobierno panista o por uno priísta habría tenido un toque distinto.
De entrada, la práctica de abrir las obras a toda la gente y no sólo a los usuarios ha redundado en una mejor socialización de la obra pública. Actos, como la banda, que podrían haber sido considerados populistas son finalmente la sazón que gusta a la gente porque genera un lenguaje de identidad, un gobierno cercano.
Los aciertos en este estilo de gobierno tienden a ser copiados por otros gobiernos y particularmente los perredistas, lo cual se va convirtiendo en un identificador, una marca, que los electores interpretan de manera efectiva.
Enrique Peña está gobernando también con un identificador conocido, el salinismo, pero digamos, la cara buena del salinismo: la acción de gobierno quirúrgica, la comunicación clara, el gobierno que asume los costos políticos de hacer las cosas que redundarán en beneficios generalizados. Este estilo de gobierno se enmarca dentro de la institucionalidad que gusta a los priístas: el respeto a jerarquías, la disciplina, la masa borrega, el trato benevolente a los amigos e inquisidor a los enemigos.
Hay diferencias, por supuesto, en el estilo salinista de gobernar. En general los gobernantes priístas arriesgan poco y cuando están lejos del escrutinio de una autoridad superior o de la opinión pública tienden a la autocracia y al dispendio. Eso explica los estériles endeudamientos de estados y municipios en los últimos años.
Este estilo de gobernar que comenzamos a ver en Enrique Peña nos llevará al IVA en alimentos y medicinas, algo que no gusta a la mayoría pero que al final de cuentas redundará en gasto e inversión pública que sí gustará a la mayoría. Hay un análisis implícito del resultado al asumir los costos, por elevados que sean.
¿Por qué no se combatió el poder de Elba Esther Gordillo durante los dos gobiernos panistas? ¿Por qué se le fortaleció? ¿Por qué se fortaleció a Carlos Romero Deschamps al mismo tiempo que se denunció la participación del sindicato en el Pemexgate?
Al final de cuentas el PAN no supo comunicar un estilo de gobierno. Ese estilo existe, por supuesto, pero no ha sido el dominante en los últimos años. Con ese estilo el PAN ha gobernado 24 años Baja California, y en distintos momentos los municipios más importantes del país. Sin embargo, el estilo dominante fue otro: los aliados políticos pesaron más.
Como curiosa coincidencia, la misma semana que se detiene a Elba Esther Gordillo, la aliada más simbólica del panismo, por su fácil comparación con vender el alma al diablo, salen noticias sobre la corrupción detrás de la Estela de Luz. Haya o no responsabilidad, el nombre de Patricia Flores, colaboradora muy cercana de Felipe Calderón, se repite cada vez más.
Doce años de gobierno comunicaron poderosamente dos mensajes respecto al estilo de gobierno panista: Corrupción y tolerancia a la corrupción. Los demás elementos del estilo de gobierno quedaron, a mi juicio, soslayados tanto por la contradicción entre los estilos de Vicente Fox y Felipe Calderón, como por el hecho de que algunas acciones se anulaban a sí mismas: la transparencia no es nada sin la rendición de cuentas, y el servicio profesional de carrera es un mal compañero del amiguismo que predominó.

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